La vida contemplativa

Lejos del ruido, algunas de nosotras llevamos una vida discreta, completamente dedicada a la oración.

Nuestra vocación contemplativa nos conduce por un camino de reflexión sobre el misterio de la salvación y la sutil acción del Espíritu, dentro de una relación profunda y llena de amor con Dios.

El silencio y el retiro son indispensables para que podamos responder de manera permanente a la llamada recibida. Pero en nuestra soledad, no estamos alejadas de la humanidad, sino firmemente unidas a ella, ya que presentamos al mundo ante Dios en alabanza e intercesión. En comunión con nuestras hermanas apostólicas e inspiradas por la Virgen María, permanecemos atentas a las Escrituras, fuente de nuestra oración, mientras esperamos con alegría el día en que todos sean uno en la presencia de Dios.

Cada día, la oración y la contemplación tejen un ritmo moldeado por nuestro “¡Sí!” a la invitación de Dios y enriquecido por la lectura, el trabajo y la vida comunitaria.

Somos humildes ante la gracia que nos confía el testimonio de la cercanía de Dios, la realidad de la esperanza y la promesa de paz.

La Eucaristía es el corazón de nuestra liturgia diaria y de nuestra vida de fidelidad en la Iglesia.

Historias de las hermanas contemplativas