Pascua de 2026

1 de abril de 2026

La Pascua se presenta ante nosotros como la “fiesta de la esperanza” por excelencia.

 

Al meditar sobre este momento sagrado, en medio de las lágrimas y el dolor de tantas personas en todo el mundo, surge inevitablemente la pregunta:

“¿Cómo podemos tener esperanza en estos tiempos de incertidumbre?”

Cada día, los conflictos traen consigo muertes que tienen el peso y el significado de la roca que fue colocada frente a la entrada del sepulcro de Jesús y sugieren que la esperanza ha muerto para siempre.

Sin embargo, para Jesús, la muerte no fue la última palabra; y tampoco lo es para nosotros.

 

En su vida terrenal, Jesús no rehuía el dolor. Lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, en solidaridad con sus hermanas María y Marta, aunque sabía que lo resucitaría de entre los muertos. Se sumergió en el sufrimiento para transformarlo desde dentro.

Nos mostró que las lágrimas son más que una mera expresión de tristeza; nos invitan a dejarnos conmover por el dolor de los demás y a compartirlo con ellos. Llorar es revelar nuestra humanidad, abrirnos a Dios y al sufrimiento del mundo. Llorar es amar.

El Evangelio nos cuenta que, temprano aquella mañana de domingo, María Magdalena y otras mujeres fueron al sepulcro. Reinaba la oscuridad, no solo por la hora del día, sino también en sus corazones, porque Jesús había sido asesinado. El silencio del Sábado Santo, las lágrimas de los discípulos, el dolor de María, encontraron su respuesta aquella mañana de Pascua.

La alegría no reemplazó las lágrimas, sino que vino a través de ellas. Jesús resucitado se apareció a María Magdalena mientras ella lloraba. La transformación tuvo lugar cuando él la llamó por su nombre: sus lágrimas de tristeza se convirtieron en lágrimas de alegría y de anuncio.

 

Nosotros también estamos viviendo días oscuros y tristes. Las lágrimas que derramamos en la fe, incluso en el dolor, preparan nuestros corazones para reconocer la Resurrección.

A través de la Resurrección, Jesús nos hace esperar en una vida que puede continuar y vivirse en plenitud. Si creemos que las cosas pueden cambiar, si nos esforzamos por transformar nuestros corazones, hay esperanza. Esperanza de que la tristeza no prevalecerá sobre nosotros, sino que dará paso a la alegría y la paz.

 

Que esta Pascua sea una luz en la oscuridad,
un abrazo que seque las lágrimas,
una semilla de paz en un mundo que tanto la necesita.

 

 

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