
Hna. Anne Brittain, NDS.
La atención médica se explica por sí misma. Mi cuerpo no está funcionando bien y los medicamentos que se pueden comprar en la farmacia local no son suficientes para sanarme o darme fortaleza. Por lo tanto, un entorno hospitalario, con servicios especializados, puede ofrecer la respuesta. Los distintos departamentos ofrecen exámenes y seguimientos específicos.
Muchos hospitales en el Reino Unido (y en otros lugares) también cuentan con equipos de atención espiritual que trabajan bajo los auspicios del Servicio Nacional de Salud. El equipo suele estar compuesto por miembros de diferentes tradiciones religiosas: capellanes cristianos de diversas denominaciones, así como capellanes judíos, musulmanes y líderes de tradiciones como el budismo, el hinduismo y el sijismo, a quienes se puede contactar cuando es necesario.
El hospital puede ser un entorno muy intimidante y ruidoso
El hospital puede ser un entorno muy intimidante y ruidoso, especialmente cuando es la primera vez que una persona se encuentra ingresada allí. Las camas suelen estar bastante juntas y, por necesidad, las salas pueden albergar a pacientes con necesidades diferentes. Para algunas personas, toda la experiencia puede resultar realmente abrumadora. Para unos pocos, que se encuentran bastante aislados en casa, el factor social y la amabilidad que se encuentra en el hospital pueden ser un factor importante en el proceso de recuperación. Me he encontrado con pacientes de larga estancia que recibían muy pocas visitas, si es que recibían alguna, de familiares y amigos.
En estas situaciones, un capellán del Equipo de Acompañamiento Espiritual puede ser una presencia atenta. Una mujer que se recupera de una operación grave carga con el peso de la ansiedad y la culpa por su esposo enfermo, a quien cuida en casa. Un hombre cuya condición médica ha empeorado se encuentra abandonado, solo y moribundo en una cultura y un idioma que le son ajenos. A veces, un paciente solo necesita hablar; su historia de vida sale a borbotones
A veces, un paciente solo necesita hablar
¡Qué privilegio ha sido acompañar a un paciente así, ya sea hombre o mujer! El “ahora” es el momento adecuado, y la presencia de Dios, aunque no siempre explícita, es tangible. He descubierto que el ambiente del hospital nos hace a todos tomarnos las cosas con más calma. Las expresiones faciales y el lenguaje corporal son más evidentes y abiertos. No hay necesidad de ocultar las vulnerabilidades.
En mi función como capellán católico en el Hospital General de North Manchester, administro la Eucaristía a quienes desean recibirla. A veces es realmente una lección de humildad ser testigo y encontrarme con la profunda fe de un paciente cuando recibe la pequeña hostia y cuando compartimos una oración juntos.
Las amistades con los pacientes y sus familias se forjan en torno a experiencias de fe compartidas, preocupaciones mutuas y conocidos comunes. En última instancia, me doy cuenta de que estoy acompañando a cada persona que visito durante un breve tiempo. El camino de vida del paciente puede terminar en el hospital; eso no es lo que más me preocupa. Lo importante, según he descubierto, es ESTAR PRESENTE en cada encuentro con la mayor apertura, sinceridad y compasión posibles.
Lo importante es estar presente en cada encuentro
Una persona malhumorada y distraída junto a la cama de un enfermo transmite una energía negativa. Siento la necesidad de prepararme antes de conocer a cada nueva persona. Lo hago callándome, orando en silencio de antemano e invocando a Dios, quien nos conoce a todos íntimamente. También he descubierto que es importante estar atenta a lo que sucede dentro de mí, tanto antes como después de encontrarme con los pacientes y el personal. Mis propias emociones a menudo se despiertan; ellas también necesitan atención.
Cada persona es una creación única; tal vez nunca vuelva a ver a ese ser humano. ¿Quién sabe? Siento que estoy llamada a dedicarle tiempo a cada persona. Dios no se ha apresurado ni se apresura, así que, ¿por qué debería hacerlo yo?
Hna. Anne Brittain NDS
NMGH, Manchester University Hospital Trust, Reino Unido
Foto principal: El Ojo de la Providencia en la capilla de San Nicodemo y San José de Arimatea, en Ramla, un recordatorio de la presencia y el cuidado vigilante de Dios.