La conmemoración del Holocausto constituye un acto de conciencia que honra a los seis millones de judíos que fueron asesinados y a los sobrevivientes que dieron testimonio. Al rendir homenaje a las comunidades y tradiciones que el régimen nazi alemán intentó destruir, recordamos también a los millones de otras víctimas perseguidas por los nazis por motivos de origen étnico, discapacidad, afiliación política o cívica, orientación sexual o religión.
Recordarlo nos invita a examinar con honestidad el antisemitismo y el odio, así como las consecuencias que se derivan cuando se deshumaniza a las personas y se responde con indiferencia al sufrimiento. Nos invita también a reconocer profundamente el valor inherente de cada individuo y, al mismo tiempo, nos desafía a que resistamos a la falsedad y la negación. A través de este recuerdo, afirmamos la humanidad de aquellos cuyas voces fueron silenciadas y nos comprometemos a salvaguardar la verdad para las generaciones venideras.
La defensa de la dignidad humana y los derechos fundamentales siguen siendo una responsabilidad moral urgente. Al recordar a las víctimas del Holocausto, tenemos presentes en nuestras oraciones a todos aquellos que hoy sufren persecución e injusticia en todo el mundo, con la esperanza de que este día refuerce nuestro compromiso con la compasión, la solidaridad y la paz, para que el recuerdo se convierta en fuente de esperanza y responsabilidad para nuestro futuro común.
* La fecha del 27 de enero fue establecida por las Naciones Unidas. La comunidad judía también conmemora el Holocausto (Shoah) el día 27 de Nisán del calendario hebreo, que este año cae el 14 de abril. Según la costumbre judía, el día comienza al atardecer del 13 de abril.