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XIV - Carta a la solitude e Lourdes (1951-1952)
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XIV - Septiembre 2006

 
 
El 10 de octubre de 1951, cuatro hermanas dejan la Solitude de Grandbourg para una fundación en Lourdes. Sor Mère Anne Josèphe es la Superiora. Las edades de estas hermanas juntas apenas excede 100 años, ¡solamente una ha llegado a los 30 años! Mère Marie, que las acompaña permanece con ellas unas semanas.
 

Sr M. Christine de SionA M. Anne Josèphe (11 de octubre de 1951) :

Querida Madrecita, que Dios la asista, permanezcamos muy unidas y rece por mí. Espero que el grupito esté en la alegría y el entusiasmo de Lourdes. Que la “eterna sonrisa” de la Santísima Virgen ilumine a las cuatro para alegría de Nuestra Madre. Esperamos cartas y detalles sobre todo, todo nos interesa muchísimo.

Besos con mucho afecto maternal de su

Sor M. Christine de Sión.

 

Sr M. Christine de SionQuerida Mère Anne Josephe

¡Cuánto pienso en usted, lo adivinará fácilmente, pues conozco esos días en que es más cómodo estar en la cola que a la cabeza! He estado muy consolada y feliz al ver con qué amor y qué entusiasmo Notre Mère habla de esta pequeña Sión contemplativa naciente. (…) ¡Ah! ¿sabe?, me dicen “hermana” y no más madre (decisión del Capítulo General de 1951: el título de “Madre” solo será dado a las superioras).

¡Estoy feliz!

(15 de noviembre de 1951)

 
 

 

Por el mismo tiempo, diciembre de 1951, le escribe a Mère Marie:

Ma Mère, es necesario que le explique por qué hay que terminar con el nombre de primera Asistente. Es contrario a la verdad, y usted sabe que siempre hemos buscado establecer aquí el espíritu de la verdad; usted espera que todas las hermanas adivinen que yo no puedo servir más para nada, sobre todo cuando hay alguna cosa que hacer.

Ellas son tan gentiles para no decir nada, pero créame que esto falsea el juicio…


Querida y amada Mére Anne Josephe y todas,

He terminado con la correspondencia, usted habrá sabido por qué. Ahora estoy bien, pero siempre en cama; es la fiesta de Nuestro Padre, quiero al menos fechar con este día este volver a empezar de mis pobres líneas; no pudiendo darle nuevas noticias, le diré lo antiguo, porque estoy en “plenitud de soledad”, lo que favorece los recuerdos. Yo tenía 14 años cuando conocí a Nuestro Padre; su fiesta era un acontecimiento que se realizaba en el locutorio San Francisco de Sales, las alumnas en medio, las hermanas a los lados, los Padres de Sión al fondo contra el locutorio San Luis y Nuestro Padre en medio de ellos. Ese año Mère Emilie era prefecta de las alumnas y había escrito las palabras que le dirigió entre las que hablaba de las últimas fundaciones: San José y Bel Air, ¡la más lejana y la más próxima! Al relato de esta casa de América Central, en un país de monos y de serpientes, yo me dije: “debe ser divertido ir allí”. ¡No sospechaba aún mi futuro! Mas yo tenía una vocación aún velada.

Nuestro Padre contó después la vida de San Teodoro, soldado y mártir, su grado era cambiante; cada año de nuevo, una vez era cartero y traía a Nuestro Padre todas las cartas de sus hijas; otra vez era general, etc.; y sus restos fueron recogidos por 3 hermanas de Sión, Mère Théodore, M. Nathanaël y M. Théodorine: imagínese cómo nos reíamos y cómo nos maravillábamos.

Y he aquí lo que me dicen, que Sor Peter podría tener varicela, ¡podría ser contagiosa! Recemos.

Tengo suerte que a mis 87 años no se contagia.

Afectuosamente. Sor Marie Christine de Sión

(Carta del 9 de noviembre de 1952)

 

Silencio de la Virgen :

ella está en el mundo por la Palabra, por el Verbo del Padre.
Ella se calla, escucha;
verdaderamente, vive de la Palabra que sale de la boca de Dios.

 
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